Armas de fuego, ¿son el verdadero problema?

27 personas, 20 de ellas niños, han sido asesinadas este viernes en el  tiroteo  producido en una escuela de Newtown, Connecticut.

El sospechoso de la masacre es un chico de 20 años, que tras asesinar a su madre, que había ejercido como ayudante escolar en el centro, se dirigió al edificio para terminar con la vida de 26 personas más antes de suicidarse. Portaba cuatro armas y un chaleco antibalas.

Supongo que a muchos os traerá a la memoria el tiroteo producido en un cine este verano en Denver, Colorado, donde fueron asesinadas 12 personas. El tirador portaba al menos un rifle, una escopeta y dos pistolas. En su casa se hallaron numerosos artefactos explosivos. Al día siguiente se disparó la venta de armas.

Cada vez que ocurre una tragedia similar se pone de nuevo el foco de atención de los medios en la regularización de armas en E.E.U.U. Este debate no es por tanto nada nuevo, pero a día de hoy ningún Presidente se ha atrevido si quiera a mencionar la posibilidad de ir en contra de la Segunda Enmienda. Los costes electorales serían inadmisibles, ya que incluso Estados con una inclinación Demócrata como Colorado son firmes defensores del derecho a portar y utilizar armas de fuego.

Gráfica de muertes por asalto por cada 100.000 habitantes entre 1960 y 2010 para diferentes países.

Muertes por asalto por cada 100.000 habitantes

¿Por qué se redactó la Segunda Enmienda?

Las razones son variadas y por supuesto abiertas a interpretación, pero me atrevo a enumerar algunas de ellas:

  • Defensa propia
  • Defensa contra invasores
  • Defensa contra insurrecciones
  • Agente político

Recordemos que nos encontramos a finales del s.XVIII (1791) un momento convulso en la historia de los E.E.U.U., que había declarado su independencia del Imperio Británico tan sólo 15 años antes (1776). Era por tanto comprensible el miedo a una invasión por parte de sus antiguos colonos, así como el posible surgimiento de distintas tensiones políticas que desembocaran en conflictos armados, como la Guerra de Secesión (1861-65).

Creo que no requiere un mayor análisis concluir que estos dos motivos están completamente obsoletos en la realidad actual de E.E.U.U. y por tanto no justifican la permanencia en rigor de la Segunda Enmienda. Pasemos pues a los siguientes.

Considero fuera de toda duda el derecho a la defensa propia, todo ser humano tiene derecho a la vida y por tanto a defenderse en caso de que ésta corra peligro. No obstante, el debate aquí radica en si el hecho de facilitar la tenencia de armas a la población civil no crea en sí mismo una situación de peligrosidad que desemboca en una mayor amenaza para la propia vida.

Huyamos de argumentos subjetivos y presentemos algunos datos:

  • En E.E.U.U. mueren al día 24 personas por armas de fuego (sin contar accidentes ni suicidios) y existen 89 armas de fuego por cada 100 habitantes
  • En Canadá muere 1 persona cada 2 días por armas de fuego y existen 60 armas de fuego por cada 100 habitantes

Es evidente que por pura matemática, el hecho de reducir el número de armas de fuego va a reducir el número de muertes causadas por las mismas, pero a la vista de los datos comparativos entre Canadá y E.E.U.U. parece que no puede culparse exclusivamente a la tenencia de armas de fuego del inusualmente elevado número de muertes de E.E.U.U.

Por tanto, la tenencia de armas de fuego no tiene por qué aumentar la peligrosidad de una sociedad de manera inequívoca.

Por último, hablemos de las armas de fuego como agente político. En el contexto histórico en el que se redactó la Segunda Enmienda el marco político en el que desarrollaría el recién independizado país americano estaba aún por determinar. Era un momento en el que el poder residía en la capacidad de ejercer violencia, y por tanto, para conseguir un sistema democrático era necesario el reparto de este poder, evitando el monopolio del mismo. Es así cómo se pretendía evitar caer en sistemas absolutistas o dictatoriales.

Me gustaría poder decir que en la actualidad no nos enfrentamos a una realidad política tan convulsa e inestable, que el miedo al monopolio del poder no es más que un temor infundado, que el pueblo jamás se encontrará en la tesitura de tener que ejercer violencia contra sus propios gobernantes, pero sería faltar a la verdad. No hace falta más que echar un vistazo a la actualidad política europea para ver como sistemas aparentemente democráticos y asentados pueden tambalearse desde sus cimientos y llegar a ejercer una violencia inusitada contra su propio pueblo en un desesperado intento por perdurar en el tiempo.

Así pues, parece que la Segunda Enmienda aún tiene razón de ser y por tanto no deberíamos apresurarnos a cargar tintas contra ella. No obstante, tragedias como la ocurrida el viernes son inadmisibles y deberíamos hacer algo para evitarlas, ¿pero el qué?

Imagen de una Bushmaster Patrolman’s Carbine M4A3, el rifle de asalto utilizado para perpretar la matanza de Connecticut

Bushmaster Patrolman’s Carbine M4A3, rifle de asalto utilizado en la matanza de Connecticut

Lo primero de todo, sería dejar claro que la defensa de la Segunda Enmienda no conlleva el apoyo a una total desregulación en cuanto a la tenencia y uso de armas, creo totalmente necesario un mayor control a la hora de otorgar licencias. Es más, creo que determinadas armas de fuego, como los rifles de asalto, o accesorios como munición explosiva y cargadores de alta capacidad deberían estar fuera del marco de derecho establecido por la Segunda Enmienda, puesto que su tenencia y uso no se adecua a las razones por la que ésta fue redactada.

Pero principalmente creo que deberíamos buscar las causas de estas tragedias en factores sociales más que en la simple tenencia de armas. Hay que explicar de algún modo la diferencia que existe entre Canadá y E.E.U.U. Esto no es una tarea sencilla, ya que la realidad socio-cultural de un país es tremendamente compleja y cambiante, pero creo que sería avanzar por el buen camino, buscando una solución real a un síntoma de una sociedad enferma, en vez de quedarnos en la superficie y simplemente hacer mutar el problema incluso en algo aún más complejo y sangrante.